Parece que no hace mucho tiempo que me regalaron mi primera consola portátil, y era la leche. Quiero decir, tenía 60 colores en la pantalla ¡y solo le hacían falta dos pilas de las de toda la vida! Hablo, por supuesto, de la Game Boy Color de Nintento.

Cuando evolucioné (como los Pokémon) a la Game Boy Advanced SP, pensaba que eso era ya insuperable, y estaba más contento que unas castañuelas. Mas mona que un pincel, con la forma de ordenador portátil, el cacharro tenía más de 2000 colores en la pantalla ¡y se cargaba con la corriente!

Después de eso vino la DS lite, y eso era épico en otro nivel, después de todo… ¿Una pantalla táctil? ¿en serio? ¡Guay!

Y claro, ya cuando saltamos a la 3DS, parecía que el ingenio de la humanidad había tocado límite. Ni gafas especiales ni porras, pura tecnología e investigación y ale, efecto 3D a simple vista.

Este es solo uno de los muchos ejemplos que mis amigos y yo hemos discutido sobre el brutal ritmo al que parecen moverse las tecnologías. Con apenas 25 años, nuestra generación ha visto como las cartas se han sustituido por el e-mail, a internet hacerse más grande que la vida misma y a una plétora de dispositivos que solíamos llevar a cuestas absorbida por ese portal al universo digital: Nuestro Smartphone.

Y la verdad, aunque a través de los años los avances tecnológicos se han superado unos a otros a un ritmo exponencial, el mundo ha encogido un montón. Esto parece haberlo hecho un sitio aún más profundo que explorar e interesante en el que vivir.

El puro peso de la red hace que, con cualquier búsqueda aleatoria a través del teléfono, tengamos acceso a una cantidad de información que nuestros padres no se podían ni imaginar con nuestra edad. Con un acceso más amplio al conocimiento, las oportunidades crecen acordemente, y en esta gran era, en la que cualquiera de nuestros colegas está a una llamada de distancia, todo el tema de “dos cabezas piensan mejor que una” es de cajón.

En retrospectiva, aunque no nos demos cuenta, nosotros, la generación de Nativos Digitales, somos lo bastante afortunados como para vivir en un tiempo en el que nuestros pensamientos se encuentran y entretejen en la red. Nuestras opiniones caen como una cascada a través de la gente hasta convertirse en grandes proyectos y nuestra voluntad se refuerza con la de aquellos con los que compartimos objetivos y propósitos. No es solo que ahora sea nuestro tiempo, es que es el momento, porque ahora, con todo el mundo a nuestros pies para echar a andar, nuestros amigos al lado a través de nuestros cacharros, el saber de siglos en bibliotecas digitales, cualquiera con visión y tenacidad, puede hacer cualquier cosa.

Algunos extrañan los viejos tiempos, y hacen bien, pues en un viaje tan largo como el de la humanidad, en efecto se han perdido cosas geniales, es algo que tenía que pasar en tantos milenios (sobre todo teniendo en cuenta que los calcetines se pierden en la lavadora y solo necesitan 30 minutos). Sin embargo, personalmente, tampoco pasaría mucho tiempo con el plañimiento del pasado. No cuando vivo en una era en la que cada día, encierra un potencial milagro esperando ocurrir. Tal vez uno que no hace mucho, era solo un sueño.

Así, considerándolo todo un poco, no hay momento en el que querría vivir más que ahora, donde todo gira tan rápido que es solo un borrón. Y, sin embargo, no he perdido ningún amigo de vista mientras no ceso de encontrar nuevas personas con las que conectar.

¿Sabes que te digo? Que por mí, puedes ser el siguiente.

Escrito por Xavi Mínguez