La vida a veces se pone difícil, todos lo sabemos. Parece que no importa lo bien que hagas las cosas que solo van a peor. Esto puede ser frustrante para alguien que está cargando con sus estudios, problemas económicos y una lista de cosas por hacer más larga que este artículo.

A veces en la vida tenemos que pararnos y darnos cuenta que la situación no es tan mala y que en la mayoría de los casos ya sabíamos que no iba a salir todo perfecto. Ya sabíamos que la carrera que nos encantaba y que nos apasiona no iba a ser tan guay como nos la pintaban en el colegio, que tenemos que sacrificar algunas cosas para poder seguir. Ya sabíamos que cuando no hay perras estamos limitados en muchos aspectos, lo mal que se siente al no tener una vida cómoda como otros; también sabíamos que teníamos que currar como si no hubiese un mañana para dar luz a esas ideas de negocio, que las decisiones no siempre salen como se supone que debía…

Es fácil, TENEMOS QUE SEGUIR TIRANDO.

Tenemos que dejar de preocuparnos por nosotros mismos, todo el mundo tiene malos momentos, la diferencia está en cómo los encaja. No tenemos por qué verlos como un problema sino como una oportunidad para crecer como personas. Cuanto más se ara el sueño, mejor crece la planta. Si no tuviésemos momentos duros en la vida, ¿cómo íbamos a mejorar? Es parte del precioso concepto de la vida, las personas más grandes a menudo también han sido las que más han sufrido.

Si miramos dentro de nosotros mismos podemos ver a este tipo o tipa lleno de pasión y sueños que quiere realizar, eso es lo que denominamos tener un propósito en la vida, lo que le da a la persona las ganas de despertarse todas las mañanas, lo hace que no nos importe los obstáculos o problemas que nos crucemos en el camino. Nada ni nadie nos va a impedir conseguir lo que queremos, porque sabemos de qué estamos hechos. Nada puede competir con nuestra pasión, ni nuestros más grandes problemas o peores situaciones. Así que la próxima vez que sientas que el viento no sopla en tu dirección, tenemos que acordarnos que tenemos nuestros propios remos para movernos.

Escrito por Gonzalo Fernández